(...) Las personas mayores nunca comprenden nada por sí solas y es cansador, para los niños, darles todo el tiempo explicaciones. (...)
A lo largo de mi vida he tenido montones de encuentros con cantidad de gente respetable. He vivido bastante entre personas mayores. Las conozco muy de cerca. Y esto no me sirvió para mejorar mi opinión.
Cuando hallaba una que me parecía algo lúcida, hacía el experimento de mostrarle mi dibujo número 1, que aún conservo, para saber si era realmente comprensiva. Pero siempre contestó: “Es un sombrero”. Entonces, no le hablaba de serpientes boas, ni de selvas vírgenes, ni de estrellas. Me ponía a su altura y le hablaba de bridge, de golf, de política y de corbatas. Y esa persona se sentía muy contenta de conocer a un hombre tan juicioso.

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